4.13.2011

Al sistema le interesa que no piense...

Jorge Techera
Por: Jorge Techera.
Estoy preocupado, me preocupa y aunque intento ocuparme insertándome e intentando incidir en parte del pensamiento comunitario, quizás no sea lo suficiente; pero en fin,  me preocupa la inmovilidad que se produce en la ciudadanía por sus derechos, por su dignidad,  no puedo dejar de apreciar como las distracciones diarias de la T.V. y el consumo excesivo inmovilizan nuestra conciencia ciudadana, no puedo dejar de apreciar como las distracciones de historias de dormitorio y glamour fijan los destinos de nuestra sociedad.

Es preocupante como la ciudadanía se ha quedado alienada por un cumulo de estímulos externos ajenos a nuestra vida real, en el que solo importan un hilo de frivolidades que se alejan de lo terrenal. Nadie se ocupa de si, de la vida en comunidad, del fomento a la acción social en busca de un bien común, de un proyecto de vida como vecino, no se si muchos le conocen la cara al que vive al lado.

Reunirse hoy parece un peso, un trabajo, parece ser que es más confortable sentarse en el sofá de la casa y dejar que otros hagan por uno, total es más fácil, mejor que la caja negra estupidizante nos mate la conciencia; mejor.

Mejor no pensar que en la cuneta de enfrente que hace mil años corre agua putrefacta, que está llena bolsas de nylon y  desperdicios quizás se puedan contaminar nuestros hijos que inocentemente juegan, mejor no pensar que aunque yo fervientemente pago mis impuestos las calles  parecen un paisaje lunar, mejor no pensar por qué han desaparecido espacios enteros de participación, clubes de futbol, instituciones sociales, culturales, comisiones de fomento y apoyo que participar; mejor seguir creyendo las noticias impactantes y sensacionalistas con música  de fondo, porque el otro canal me dice algo que no quiero escuchar y me hace poner en duda lo que pienso, mejor dejo éste que me conforma con lo que quiero; mejor ésta cuneta que pasa enfrente con el agua podrida y los desperdicios que reunirme con mis vecinos y plantear que sea sustituida por un cordón cuneta y alcantarillado, mejor que protestar y ser tratado de revoltoso; mejor es ver a Jorge Rial que ponerme a pensar mi historia de donde vengo y quién soy, quiénes son mis antepasados y qué hicieron, mejor ver las esplendorosas camionetas del gran empresariado local que preguntarse cuan digno viven sus trabajadores y apreciar por la televisión como donan algunas migajas.

Pues si todos esos ejemplos y otros tantos más pueden ser mejor, seguramente algún lector ya ni recuerda cuando fue la última fiesta familiar en que se reunieron todos y comieron juntos, tomaron y conversaron de historias de algunos que ya no están y anécdotas y risas compartidas; es así el frenético vivir al ritmo de las modas y las imposiciones comerciales.

El mundo es otra cosa, vivir es otra cosa, es saber que vivo hoy y que quiero y puedo vivir mañana, que pretendo vivir a un ritmo  normal que me deje tiempo para la familia para la comunidad, para el pensar, para analizar, dedicar tiempo a otros, lo otro son perversiones del sistema, de un sistema que le interesa que no pienses, que solo seas una maquina de consumo, ideológicamente manejable, que jamás vayas a cuestionar lo que proviene del sistema político, de los veredictos judiciales, de la iglesia, del sistema educativo, son chillidos, son graznidos (Como bien lo define Julio Anguita González en su gran discurso antisistema);  pues bien así esta la cosa, seguramente si mi teoría se cumple a nadie le molestarán mis líneas pues nadie le va a dedicar un mísero segundo de tiempo a leerlas, a nadie va a provocar, nadie va a llamarme para decir lo contrario, a ningún poderoso le molestará y saldrá a responderme.