8.01.2009

Edison y el Fonógrafo.


Su principal virtud era sin duda su extraordinaria capacidad de trabajo. “El secreto consiste en trabajar de firme –solía decir- ; el genio es un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración.” Cualquier detalle en el curso de sus investigaciones le hacía vislumbrar la posibilidad de un nuevo hallazgo. Recién instalado en Menlo Park, se hallaba sin embargo totalmente concentrado en un nuevo aparato para grabar vibraciones sonoras. La idea ya era antigua e incluso se había logrado registrar sonidos en un cilindro de cera, pero nadie había logrado reproducirlos. Edison pretendía hacerlo colocando papel de estaño sobre una especie de diafragma telefónico especial, grabando vibraciones con un rubí cortado a bisel y empleando para reproducirlas un rubí con punta roma. El aparato debía constar de un rodillo al que mediante una manivela se imprimiría un movimiento de rotación y otro de traslación. En el rodillo se apoyaría el diafragma, prolongado por un pabellón metálico que recogiese y amplificase el sonido. Edison trabajo día y noche en el proyecto y al fin, en agosto de 1877, entregó a uno de sus técnicos un extraño boceto, diciéndole que construyese aquel artilugio sin pérdida de tiempo.

Cuando estuvo terminado, el operario le preguntó para qué servía tan extraño objeto. “Esta máquina tiene que hablar”, replicó muy serio Edison. Los trabajadores se amontonaron alrededor del invento. Se cruzaron apuestas. Había una mayoría de escépticos. Al fin, Edison conectó la máquina. Todos pudieron escuchar una canción que había entonado uno de los empleados minutos antes. El sonido resultante era aun peor que la voz del improvisado cantor, pero la prueba había sido un éxito. Edison acababa de culminar uno de sus grandes inventos: el Fonógrafo.

Pero no todo eran triunfos, Muchas de las investigaciones iniciadas por Edison terminaron en sonoros fracasos. Cuando las pruebas no eran satisfactorias, experimentaba con nuevos materiales, los combinaba de modo diferente y seguía intentándolo.

-¿No es decepcionante- le dijo uno de sus colaboradores después de repetidos reveses- que al cabo de tantos esfuerzos no se haya conseguido nada?
-¿Nada?- replico sorprendido Edison –Hemos obtenido muy buenos resultados. Ya conocemos mil procedimientos que no sirven, nos hallamos, por tanto, más cerca de encontrar el que sirve.

La mayoría de los inventos modernos no son más que el perfeccionamiento de simples aparatos, que inventores como Edison, lograron hace mucho tiempo, ahora me pregunto que hubiese pasado, si este hombre no inventaba el fonógrafo, ¿se le hubiese ocurrido a otro? La idea era registrar “el sonido” ¿otra persona hubiese logrado lo mismo pero de diferente manera?
Edison logra imprimir en un cilindro de cera las vibraciones de los sonidos, recuperados por una membrana que gracias a un rubí “raya” la cera, el rubí deja un surco, lo cual hace que al pasar nuevamente el rubi transfiera nuevamente las vibraciones a la membrana la cual interpreta correctamente el sonido, de ahí surge el disco de pasta, se sustituye el cilindro por un disco de cera, que es impreso en forma de espiral, luego se le aplica un baño electrolítico de metal y de esta forma se logra un molde para imprimir la cantidad de discos de pasta que se desee, luego se incorporan los circuitos electrónicos y el rubí se sustituye por una púa que transforma las vibraciones en electricidad, luego es interpretada por los parlantes y de esta manera sigue evolucionando hasta llegar al i-pod , pasando por el CD que sustituye la púa por un láser que transforma la electricidad en luz, para poder quemar la superficie espejada de los CDs y así dejar una escritura que luego, un láser similar va a saber leer y transformar en sonido.

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